El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

Galería de palabras

ABEL VEIGA

Angrois y las comisiones

12.07.2018 
A- A+

¿QUIÉN quiere la verdad y qué verdad quiere? Más allá de las víctimas, quiénes de verdad han sufrido y sufren en carne propia el dolor y desgarro de aquella tragedia, la sociedad les debe la verdad. La justicia les debe justicia. Los políticos deben explicaciones y, en su caso, asunción de responsabilidades. Por un lado el juzgado, por otro una comisión parlamentaria en el Congreso. Cada cuál sabe cómo terminará cada una de ellas.

Se abre una investigación. Esta vez política, toda vez que Bruselas ha dejado en evidencia a los políticos españoles. Se buscarán causas o causa, un porqué y a veces también se echarán culpas. Se exigirán responsabilidades. Son muchos, demasiados los muertos, los heridos. Se abalanzarán hipótesis de todo tipo y todo cuño. Y desgraciadamente quizás, algunos, lo emponzoñen todo desde el punto de vista de la política y buscar culpables en los políticos, en los que gobiernan. Pero si algo debemos a las víctimas de éste y de cualquier otro accidente es la verdad. Que se sepa objetivamente qué sucedió, cómo sucedió, por qué y a qué se debió, si pudo evitarse o no, si se actuó con la diligencia debida o no, fuere por quien conducía el convoy, fuere si los sistemas de frenado eran o no ..., si aquella curva ... Lo cierto es que aquella fatídica tarde todo se truncó. Definitivamente.

El paso de los días consumirá las lágrimas, la emoción, la tristeza y el sollozo enrojecido y silencioso. Llegó el momento y el tiempo del análisis, de informes, de explicaciones, de soluciones. Tiempo para técnicos y peritos. Pero importa sobre todo, el estado de las víctimas, de los heridos, de las familias rotas y abatidas por el golpe de la tragedia y el desconsuelo de una ausencia robada. Y Angrois volvió a sus viejos tiempos de normalidad y tranquilidad.

Saben que nada será ni volverá a ser igual. Pero sus vecinos necesitan recuperar el sosiego de sus vidas, de sus propios problemas, alegrías y penas. Y los micrófonos callaron, los fotógrafos no martillearán sus objetivos digitales, y los políticos ya no pasean sus trajes encorbatados o no, y los grandes jefes de gestoras ferroviarias ofrezcan soluciones. Recuperar simplemente sus vidas.

Cuando en julio de 2013 aquel Alvia terminó en aquella curva, un medio publicaba una carta abierta de un vecino de Angrois. Una radiografía del dolor y la realidad, de la solidaridad y el hartazgo, de la entrega y la manipulación de quiénes sólo buscan su minuto de gloria en televisiones o en medios de aquí y de allá, de altos personajes que buscan la foto en apenas unos minutos, el duelo y el llanto, televisado también para algunos, íntimo y privado para los que de verdad lo sufrieron, y todo volvió al silencio, a la normalidad, pero a algo más terrible, no saber la verdad objetiva de todo lo que sucedió y por qué y el silencio forzado de un informe bruselense.

Pasó el duelo, pasó el impacto emocional de la tragedia. Pasó el momento donde la vida humana se disipaba y diluía como un hilo tenue bajo los brazos de los vecinos de Angrois. Llegó el tiempo donde ahora se adoptan soluciones, medidas de frenado y emergencia que tal vez siempre debieron estar. Y llegó este accidente. Y dejará de ser noticia y el dolor de las víctimas lo olvidaremos pronto.

Por las viejas nuevas vías de Angrois pasa el Alvia, y otros trenes. La vida continúa, debe ser así. Siempre ha sido así, para todos. Para vivos y para muertos aunque estos ya no estén. De la tragedia debemos saber extraer conclusiones, pero sobre todo lecciones. En Angrois, el ser humano nos enseñó que es eso, ser y humano, fuente y sensibilidad, entrega y abnegación, lo mejor de nosotros mismos. Dejémosles ahora recuperar la normalidad de sus vidas ordinarias, cotidianas, costumbristas. Pero eso sí, démosles la verdad, la objetiva, la única, la real.

Profesor universitario