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CARMEN JOSÉ LÓPEZ

El reto

11.07.2018 
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LAS noticias de los últimos meses ponen de manifiesto las buenas perspectivas de la economía gallega, la innovación parece estar cada vez más presente en nuestras empresas, el mercado laboral vuelve a las cifras precrisis y las exportaciones se refuerzan como uno de los motores de la actividad económica de la comunidad.

Con el barco más o menos estabilizado, es el momento de mirar hacia aquellos desafíos pendientes, es el momento de abordar, decididamente, aquello que se ha revelado como el gran reto de este territorio: Galicia se vacía, y su interior lo hace con mayor celeridad.

El demográfico es EL RETO de Galicia para el s. XXI, la sangría del padrón parece no tener freno. Cierto que el problema demográfico no es un problema exclusivo de Galicia, el viejo continente empezará a perder población en pocas décadas, pero sin duda la nuestra es una situación más pesimista y apremiante.

La solución o soluciones no parecen ser nunca suficientes para reequilibrar la pirámide, no nos engañemos, a nadie se le puede pedir que viva donde no quiere asentarse y, mucho menos, que tenga hijos «por la patria», no hay soluciones mágicas, tampoco en esta materia.

En cuanto a la baja natalidad, los representantes políticos parecen haber asumido ya el objetivo de la conciliación familiar como lo que es o debe ser, una prioridad, pero ¿qué hacer con el desplazamiento interterritorial de jóvenes?

Es tan lógico como obvio, las zonas más dinámicas y con mayor actividad económica y empresarial son el destino natural de la población que se desplaza. La migración interregional se produce siempre como respuesta al desequilibrio territorial: la población del interior gallego se desplaza hacia la fachada atlántica, de la misma forma que lo hace hacia otras urbes del Estado como Madrid o Barcelona.

Por eso, frente al reto demográfico, la cohesión territorial ha de convertirse urgentemente en una cuestión prioritaria, y ha de hacerlo tanto a nivel nacional como autonómico. Así lo evidencia la importante brecha que se ha originado entre la franja costera y la mal llamada Galicia interior o el crecimiento poblacional de las principales ciudades españolas en contraste con otros territorios.

El tiempo juega en contra, la pérdida de la población no tendrá efectos sólo en cuestiones como la productividad o en el consumo, sino en las posibilidades de estas zonas para influir en aquellas decisiones que determinan el reparto de recursos, la dotación de servicios, de infraestructuras o el avance de las comunicaciones, cuestiones todas ellas fundamentales en la capacidad de atraer actividad productiva.

La conclusión es clara, la falta de cohesión o, por decirlo de otra forma, la desigualdad entre territorios, genera inevitablemente más desigualdad, más pobreza y la pérdida de atractivo para retener el talento y la masa poblacional. Por eso, la búsqueda de la cohesión es también la búsqueda de la propia sostenibilidad de un territorio que, si nadie lo remedia, parece haber encarado el camino hacia un lento suicidio.

Abogada, empresaria y

expresidenta AJE Galicia