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tu ne cede malis

SANTIAGO CALVO LÓPEZ

Feminismo no es imposición

13.03.2018 
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LA normalidad no se debería celebrar, eso me dijo una joven abogada el 8 de marzo, y la verdad es que tiene toda la razón; algo parecido comentaba Marisa de la Cruz en una columna titulada La huelga del 8-M no cuela, así que disiento, publicada en Disidencia, en la cual mencionaba que "la igualdad no se basa en la protesta en un día. Siempre he considerado que el 8 de marzo es una discriminación para la mujer y lo será mientras exista". Y es que nunca en la historia de nuestro país ha habido tantas mujeres trabajando, y es cierto que aún queda mucho por hacer, como no, porque, efectivamente, existen hombres estúpidos que no valoran la capacidad de las personas, sólo miran "lo que tienen entre las piernas", y hay que seguir señalando esos comportamientos injustos.

Pero tal como comentaba el pasado jueves Elvira Roca, lo que no podemos hacer es una guerra de sexos, porque las injusticias pasadas, y las que existen actualmente en menor medida, no las deben pagar personas inocentes; no todos los hombres somos machistas, no todos los hombres somos violadores.

Me considero firmemente feminista, del feminismo de primera ola, el de la Ilustración; soy muy de Mary W­ollstonecraft que decía que "no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas"; también de Concepción Arenal, la que tuvo que disfrazarse de hombre para cumplir su sueño, el de ser abogada, y por eso decía que "todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen"; o de Marie Curie, que consideraba que no necesitaba tratos especiales por el hecho de ser mujer, porque de hacerlo "reconocería que soy inferior a los hombres, y yo no soy inferior a ninguno de ellos"; e incluso, aunque de otra época, de Carme Chacón, con su ya famosa foto embarazada y pasando revista. No se quejaron al Estado, lucharon ellas mismas por lograr lo que querían, y a ellas les debemos el gran progreso vivido en materia de igualdad durante el último siglo y medio.

Efectivamente, el 8 de marzo se perdió una oportunidad histórica para pedir la igualdad y la libertad, nada más, sin embargo, la huelga se convirtió, por parte de algunos colectivos, en un lugar en el que se presentaba el revanchismo y el deseo de pedirle al Estado no que garantizase lo que ya reconoce por ley en el artículo 14 de la Constitución: "los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social"; lo que se reclamaba era un trato especial, como si las mujeres necesitasen ayuda para lograr grandes cosas, no, lo que necesitan es que las dejemos en paz, ser ellas mismas, en libertad, pero no por el hecho de que sean mujeres, sino por el hecho de que son personas, porque no son ni mejores ni peores, son iguales.

Porque el problema es pedirle al Estado que nos haga libres, porque el Estado tanto nos puede dar como quitar, la libertad debe ser nuestra, no de nadie más, y si queremos libertad, debemos aceptar la responsabilidad. Menuda estupidez encadenar a las mujeres al Estado y al colectivismo. Y el feminismo de tercera ola pretende anular al individuo, porque incrusta a las mujeres en un bloque sentimental y político. ¿No me creen? Entonces por qué se abucheó y se criticó a las mujeres del PP y de Ciudadanos, o a mujeres como Cristina Losada, María Jamardo o María Blanco, que no quisieron hacer huelga; ¿las mujeres sólo se pueden respetar si se adhieren al pensamiento único de tinte colectivista? Como dijo Cristina Losada, "cuando veo un rebaño político, me pongo instintivamente en contra y enfrente. No lo puedo remediar. Es mi jodido individualismo. Y mi indomable libertad".

La huelga fue sectaria, porque no respetó la forma de ser de todas las mujeres. El ejemplo fue la de una señora la cual sufrió las mofas de "feministas" y de un periodista de un medio de comunicación de izquierdas al decir que ella iba a hacerle la comida a su marido, que descansaría cuando ella lo decidiese, no cuando la obligasen; eso es feminismo, porque feminismo no es decirle a otras mujeres lo qué pueden y no pueden hacer, feminismo es igualdad ante la ley, porque feminismo es libertad y no caridad.

Economista