El Correo Gallego

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Huerta en su jardín

14.06.2018 
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ALGUIEN debió de haber advertido a Huerta que se metía en un jardín. Debido al jolgorio del nombramiento quizá no oyó el sonido lejano de un cuerno de caza que anunciaba el inicio de una cacería: la suya. A partir de ahí muchos sabuesos se pusieron a husmear para encontrar el rastro que llevara al pecado original del nuevo ministro. No se puede quejar porque una norma no escrita establece que, con el relevo en el Gobierno, el cazador se convierte en presa y viceversa. En unos casos el zorro es escurridizo y sobrevive mucho tiempo, o incluso se retira a la madriguera sin ser abatido, pero en otros cae enseguida, como Màxim que ha ejercido durante una semana al frente de la cultura y el deporte.

En ninguno de los dos ha cometido errores. Estuvo en la feria del libro, visitó a la selección y asistió a la final del Roland Garros, y lo hizo muy bien, sabiendo distinguir una cosa de la otra y pronunciando frases oportunas sobre literatura, fútbol y tenis. Ningún otro predecesor ha tenido tantos aciertos. Sin embargo esa jauría de la que se quejó amargamente antes de dimitir es implacable porque el mundo la hizo así y no distingue entre un máster postizo y un feo fiscal a la hora de morder. Fue un error suyo y sobre todo una equivocación de quien lo nombró sin una previa auditoría.

Como casi siempre hay que acudir a la política anglosajona, práctica, previsora y conocedora de las debilidades humanas, para encontrar remedios contra estas cosas. Ellos hacen con los altos cargos lo mismo que con los aspirantes a cuerpos de élite. Los someten a pruebas, desnudan su pasado, escrutan sus antecedentes, exponen su vida y milagros al juicio parlamentario y, superado un test rayano en el sadismo, aprueban el nombramiento. Es lo que se llama hearing, algo que podríamos traducir por audiencia o comparecencia ante la correspondiente sesión parlamentaria. Es raro que un Màxim se cuele. El presidente de turno propone el nombre, los parlamentarios juegan con él al tiro al blanco y tras convertirlo en un San Sebastián lleno de flechazos, le dan el salvoconducto al Ministerio, la secretaría o lo que sea.

Qué no hubiera dado Sánchez por esta prueba de selectividad que le ahorraría esta baja tan temprana. Huerta habría quedado en evidencia antes y la dimisión sería innecesaria por la sencilla razón de que no se había producido el nombramiento. En el hearing solo se es Ministro en capilla. El caso es que en nuestra cultura política el examen es posterior y así el trauma es mayor y el abatimiento del abatido, mayúsculo.

¿Qué hará ahora el ministro más fugaz de la democracia? Sin salir del Ministerio de Cultura y Deporte, sabemos que el otro gran protagonista de la frenética jornada de ayer, Lopetegui, deja La Roja por el blanco, que si no hubiera sido un buen ministro. Huerta, escritor y tertuliano, puede escribir un libro (escueto) sobre su experiencia ministerial o buscar acomodo en una tertulia. La otra opción no es posible hasta que Fernando Hierro lo deje. Insistamos, en todo caso, en que el ex se va sin haber cometido fallos. No todos pueden decir lo mismo. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Periodista