El Correo Gallego

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JOSÉ ANTONIO CONSTENLA

Cuestión de 'ismos'

15.11.2017 
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EN el año 2015, la empresa de diccionarios Merriam-Webster, eligió el sufijo ismos como palabra del año. Los principales ismos que registraron más tráfico de datos y búsquedas en la página de internet del diccionario on-line ese año fueron socialismo, fascismo, racismo, feminismo, comunismo, capitalismo y terrorismo, que han acompañado a Europa y a la humanidad a lo largo de su historia. A estos términos se ha sumado otro más recientemente: el nacionalismo.

Las palabras con las que nos expresamos reflejan las ideas que tenemos sobre las cosas, lo que opinamos de la realidad y hasta la clave con la que analizamos y vemos el mundo que nos rodea. En ese contexto nos encontramos con los ismos, un sufijo que recorre el mundo y con su paso avasallador nos muestra la peor cara de la humanidad.

La historia de la civilización es realmente la historia de los ismos, embarazosa y angustiante verdad de una existencia que ve el mundo desde una óptica radical y excluyente, donde los más fuertes se imponen a los más débiles.

En todo caso, de todos los ismos uno de los más peligrosos y que desgraciadamente ha proliferando es el fanatismo. Norberto Bobbio, uno de los grandes filósofos de la Política y el Derecho del siglo XX, afirmaba que "he aprendido a respetar las ideas, a detenerme ante el secreto de cada conciencia, a comprender antes de discutir y a discutir antes de condenar. Y puesto que estoy en vena de confesiones, hago todavía una, tal vez superflua: detesto a los fanáticos con toda mi alma" . Vivimos tiempos donde surgen por todas partes, posturas radicalizadas, y fanatismos de toda índole, en la política, en la religión, en el deporte, en la educación, y en un sinfín de ámbitos de la vida social. El fanático no soporta la idea de que el otro sea diferente o piense distinto y pretende con sus actitudes, redimirle de su equivocación. Olvida su capacidad de autocrítica y confunde la propia percepción de la realidad, con una verdad universal que cree que debe ser aceptada por todos voluntariamente o por la fuerza.

Cuando nos encerramos en el fanatismo, olvidamos algo fundamental que es que convivir con la diferencia nos enriquece y nos obliga a pensar. Nos equivocamos gravemente cuando creemos que los demás, por la simple razón de pertenecer a un partido distinto o tener otra ideología, no tienen nada que aportar y no merecen ser escuchados, porque sólo a través del diálogo y la comprensión del otro podemos crecer como personas.

La realidad de la vida nos enseña que los ismos encuentran su antítesis en diversas acciones que son descritas con vocablos que terminan en ía como alegría, simpatía, empatía o filantropía. De ahí que podamos deducir varios antídotos. El primero es cultivar el sentido del humor, lo que nos ayude a reírnos de nosotros mismos, a relativizar las cosas y a vernos con una mirada más amplia. El segundo es aceptar al otro tal y como es, sin querer que sea como yo, porque la vida en un solo color es muy aburrida.

Y por último, quedaría un tercero que pasaría por hablar menos, escuchar más y evitar los debates estériles que sólo crean tensión, porque tal y como decía Winston Churchill "un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema".

joseaconstenla@infoscod.es