El Correo Gallego

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{AL SUR}

MARIO CLAVELL

Rohingya, ese nombre imposible

15.11.2017 
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LAMENTO la suerte de ese pueblo, pero ignoro cómo se pronuncia y sólo puedo escribirlo, a la espera de que alguien me diga cómo suena. Pasa también con los nombres ára-bes y con la puñeteras h en medio de una palabra, y con las g y w, cuya pronunciación difiere si es inglesa o de otra lengua.

Hay un par de millones de rohingyas esparcidos por varios países asiáticos, y los que viven en Myanmar, antigua Birmania, son maltratados. La etnia rohingya es bengalí, musulmana y suní, mientras que los birmanos que los rechazan son budistas. Estos están en vía de democratización y la lideresa del proceso es la Nobel de la Paz Aung San Suu, partidaria de otorgar ciudadanía birmana a los rohingya; también lo propugnan la ONU y papa Francisco, sin éxito.

A nosotros, occidentales zumbados ante el televisor, nos suenan ese y otros asuntos, pero estamos distraídos. Como que siguen llegando a Europa africanos ensopados de agua salada y de lágrimas. Sólo cuando ponemos nombre a las cosas empezamos a amarlas: al perro Totó, a la tía Remigia; a Tombuctú bajo yugo yihadista, al pueblo senegalés que apenas come.

¿Sabe usted cómo se pronuncia R­ohingya?, ¿y Farhan al Saud, el príncipe saudí fugitivo del terror real saudí? Vayan para todos ellos nuestra compasión a distancia, una oración por la Justicia, y unos denarios para Acnur y Manos Unidas.

Profesor de instituto