El Correo Gallego

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MARIO CLAVELL

El veraneo de la hormiga

11.07.2018 
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UNA tenaz hormiga carreta una miga de pan que ha caído sobre mi pierna veraneante; otra hormiga más chiquita ha alcanzado mi brazo y zigzaguea hacia alguna parte; ooh!, otro ser alado con seis patas se pasea por la página del libro. Estos insectos tienen dos ojos, dos antenas, seis patas y un cuerpo articulado; la perfección de su diseño no la supera la mejor ingeniería de sistemas. Es el asombro de la Creación: Deus magnus in magnis, maximus in minimis, Dios, que es grande en las cosas grandes, es máximo en las mínimas. Esos artrópodos (bichos de patas articuladas) me entretienen como un libro de fisiología animal. Es una hora calma de julio, reino de los grillos, y el mundo está bien hecho.

A la sombra del pino y de la encina, mi hormiga y yo vemos la serralada litoral. Detrás está el Mare Nostrum, balsa beatífica para los mediterráneos del Norte, puerto de llegada para los migrantes que hoy lo surcan. Seiscientos llegan casi a diario del Mediterráneo Sur, pero a docenas dejan la vida en el empeño. El embalse se ha convertido en tumba. ¿Puedo yo sestear indiferente, tumbado a unos kilómetros de esa costa...?

El Mundo está bien hecho, los hombres lo hacemos injusto o invividero.

Profesor de instituto