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Bufete de papel

JOSÉ A. MONTERO

La prisión permanente revisable

13.03.2018 
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LA LEY DEL TALIÓN RECOGÍA desde el siglo XVIII a. C. el principio de reciprocidad de ojo por ojo y diente por diente, y que, aún, siendo una dura ley, trata de establecer un equilibrio entre el daño recibido y el castigo, siendo el primer límite al linchamiento propio de comunidades arcaicas.

En las Partidas de Alfonso X el sabio, la finalidad de la pena era el castigo por lo hecho y la prevención general e intimidación para que el hecho no se repita.

Beccaría en su famoso Tratado de los delitos y de las penas plantea reformas ilustradas, tales como que, el propósito de las penas debe ser el impedir la comisión de nuevos delitos, pero no causar daño al delincuente. Decía Beccaria que el legislador político tiene que ser el tranquilo moderador de las pasiones particulares. ¿La crueldad inútil, instrumento del furor y del fanatismo, o los alaridos de un infeliz consiguen que vuelvan atrás las acciones ya consumadas? El fin de la pena no es otro que impedir al reo causar nuevos daños a los ciudadanos y retraer a los demás de la comisión de otros iguales.

En el artículo 25.2 de la Constitución Española se dice que las penas están orientadas hacia la reeducación y reinserción social.

Si al reo se le quita la esperanza de libertad lo penamos con la frustración, eliminando la posibilidad de rehabilitación y reparación para con la sociedad. La función ejemplificante de la pena, que ya existe para una pena grave, no se aumenta por mayores condenas y de ello es claro ejemplo los EE UU, donde la existencia de penas de muerte o cadenas perpetuas no disminuye la delincuencia. La función reeducativa no se consigue con la cadena perpetua, sino que hace un efecto contrario para el preso al que le da lo mismo tener una condena que cinco, ya que a peor no va a pasar.

La prisión permanente revisable, a día de hoy en vigor, no ha tenido ningún efecto ejemplificante de disminución de la violencia en España. Y aunque la inmensa mayoría de la población estuviera de acuerdo con la supresión de los impuestos, con el linchamiento o con la cadena perpetua, el poder político no puede caer en el infantilismo de suprimir los impuestos o en la pasión de la venganza en el establecimiento de penas. La prisión permanente revisable, eufemismo de la cadena perpetua, supone una regresión legislativa, pero, sobre todo, supone una regresión en el poder político que, de moderado, e ilustrado, retoma los caminos involutivos hacia la barbarie y el linchamiento.

EL AUTOR ES ABOGADO