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el análisis

JOSÉ LUIS BOUZA ÁLVAREZ

El socialismo líquido

13.03.2018 
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LOS tiempos no son propicios a los partidos socialistas. Ello es debido al desplazamiento de los antagonismos de clase que habían protagonizado la modernidad a aquellos otros nacionales e identitarios, con la consiguiente crisis de los objetivos universales de bienestar e igualdad que había inspirado la acción de partidos y sindicatos en los marcos laborales nacionales y que ahora pretenden representar mejor movimientos de masas surgidos de la antipolítica y la antiglobalización. Todo ello por efecto de un mundo global desideologizado, individualista, y tan tecnificado y competitivo tras la caída de los marcos locales que su desarrollo económico suele ser más bien garantía de re­tracción que de ampliación del empleo.

Tras nuestra tardía modernización en tiempos de González y Aznar, no hubo respuesta socialista a la nueva situación ni análisis crítico de las desviaciones del sistema. Con Zapatero, que representa ya la ideología posmoderna, se produjo la convergencia de una incipiente antipolítica en Madrid y Barcelona como deslegitimación del pacto nacional de 1978, implícita en el respaldo a un estatuto que nacía con exclusiva voluntad particularista.

Otras líneas de su gobierno tuvieron este sesgo acomodaticio de la pequeña política -el arte de pensar en sobrevivir y no sobre lo preciso en el momento preciso-, como el inicio de la política recreativa que luego harían suya los movimientos izquierdistas de la antipolítica, entretenimiento que oculta una falta de ideas y en procura de sostener la ya muy gastada dialéctica izquierda-derecha mediante un rancio anticlericalismo o una ficticia renovación de antagonismos por el trato sectario de asuntos tan respetables y de tanto impacto emocional como nuestra guerra.

Se entró en ese socialismo líquido que caracteriza al PSOE. Que hoy sean problemas políticos la sostenibilidad de las pensiones, el que no sea posible hacer cumplir la ley en todos sus términos en algunas partes del Estado o que un grupo de conspiradores se divierta poniendo en ridículo a un Estado que renunció a dar un golpe sobre la mesa en el territorio que excepcionalmente administra, evidencia la cortedad de las políticas de Estado, no solo de los socialistas, pero con mayor motivo de un socialismo líquido que de modo tan delicuescente las ha rehuido mientras no para de menguar. El parlamento será cada vez más difícil de gobernar, con cuatro partidos no muy alejados del 20 % de los votos y escaso sentido de pacto. Pese al auge que las encuestas dan a C's, sería improbable que sobrepasase a un PP disminuido pero renovado.

Catedrático de Arte