El Correo Gallego

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EDITORIAL

Reforma necesaria, consenso complicado

07.12.2017 
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YA NO SE DISCUTE en España, ni siquiera Mariano Rajoy lo hace, la necesidad imperiosa de reformar la Constitución sobre la base de un nuevo modelo territorial y, por supuesto, sin que el reconocimiento de la singularidad fracture el principio de igualdad. A punto de cumplir cuarenta años, la Carta Magna que ha garantizado la convivencia entre los españoles, y que ha permitido asentar una democracia de calidad, se enfrenta ahora a un terremoto autodestructivo que amenaza con hacer tabla rasa de lo mucho que hemos construido entre todos, y con dinamitar nuestra ley de leyes. ¡No es eso, no es eso! Lo que necesita España es mimar, mejorar y blindar el modelo ejemplar de consenso que nos permitió salir del negro pozo de la dictadura para levantar un Estado de derecho, social y democrático, anclado a cuatro grandes valores: libertad, igualdad, justicia y pluralismo. Nada más y nada menos. Entregarnos al canibalismo y demonizar la Constitución no es precisamente el camino correcto para blindarnos frente a la ola populista y las tentaciones secesionistas, tan devastadoras la una como las otras. El reto al que se enfrenta la clase política -la sociedad en su conjunto, en puridad- no es tanto el de reformar la Carta Magna, una necesidad, cuanto el hacerlo desde una plataforma sólida de consenso que garantice la igualdad y nos devuelva al bendito territorio de la convivencia. Coincidimos con el presidente Feijóo -no es el único, pero sí quien mejor enarbola sin complejos esa bandera- en que solo desde la solidaridad territorial, sin consentir agravios comparativos, será posible adaptar el Titulo VIII de la Constitución a los retos de una sociedad que no es, evidentemente, la de 1978. Y creemos que acierta de pleno el inquilino de Monte Pío cuando reclama equidad redistributiva para acordar un sistema de financiación autonómica que garantice el acceso en igualdad a servicios tan irrenunciables como la educación y la sanidad públicas de calidad, o la atención a los dependientes. Hablamos, en definitiva, de justicia, de desactivar tentaciones discriminatorias y privilegios inaceptables, de igualdad y de convivencia en el pluralismo y la diversidad. Sabemos que el consenso amplio no será fácil, pero tenemos la mejor herramienta para comenzar a construirlo: la Constitución de 1978. Ayer la honramos, con la vista puesta en su reforma.