El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » La Quinta

EDITORIAL

El triste espectáculo de Puigdemont

14.11.2017 
A- A+

SE HA CAÍDO DEL CABALLO del soberanismo a cualquier precio Carles Puigdemont, y ahora admite que "es posible" una solución diferente a la independencia de Cataluña. El expresident que contribuyó más que nadie a dinamitar la convivencia social -un pecado que no podemos perdonarle- está dispuesto a aceptar "la realidad de otra relación con España", y se muestra favorable a un acuerdo con el Gobierno central. Tarde piaches!, le decimos a eso en Galicia. Intenta salvar el político autoexiliado en Bruselas sus muebles, tras su cascada de equivocaciones y dislates, con la reivindicación de sus treinta años de trabajo para obtener otro anclaje de Cataluña en España. Y sitúa el origen del fatal procés en el año 2010, cuando el Tribunal Constitucional destartaló el Estatut. "¿Sabe cuántos diputados independentistas había en ese momento en el Parlament?", le pregunta al periodista de Le Soir: "¡14 de 135! Ahora se han convertido en 72". Sin negarle su militancia en el catalanismo ni los errores del Gobierno central, la pregunta que tiene que responder Puigdemont es si ha puesto en riesgo la paz social entre catalanes para, con su victimismo y su inconsciencia, poder montar un triste espectáculo que tiene mucho de esperpento, algo de vodevil y bastante de película de chinos llena de trampas. Sus declaraciones al gran diario de Bruselas retratan a un político dubitativo, herido, mediatizado por el rencor y dispuesto -tarde, mal y obligado por su desesperada circunstancia, dejémoslo clarito- a decir diego donde antes dijo digo, para que el rodillo de la realidad no aplaste definitivamente su protagonismo en el nuevo escenario catalán. Tuvo el expresident hasta dos oportunidades de desactivar una DUI ilegal e imposible, y las despreció. Tuvo en sus manos pilotar la convocatoria de elecciones anticipadas, y se acobardó frente a las presiones de ERC y la CUP. Quiso montar una candidatura conjunta del independentismo, y sus exsocios le dieron la espalda sin disimulo. Intentó ensuciar la imagen de España, y las grandes democracias no le hicieron caso. Puigdemont es un alma en pena, y a nadie le interesa ya que él vea posible -a buenas horas...- salir del laberinto sin activar la secesión. Cuando Cataluña hable en las urnas del 21-D, asistiremos a su entierro político.