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Vanguardias rusas en clave Dadá

JOAQUIM VENTURA  | 12.06.2018 
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Una de las afortunadas consecuencias de la perestroika fue la liberación de los préstamos de arte ruso a museos extranjeros. Y entre las producciones plásticas, han sido muchos los cuadros de la etapa vanguardista –que anunciaron la revolución soviética y viajaron con ella hasta el ascenso de Stalin- que han visitado museos españoles. Sin ser exhaustivos, vale la pena recordar las exposiciones dedicadas a Kazimir Malevich por el Museu Picasso barcelonés y la Fundación March (1993); Museo de Bellas Artes de Bilbao y Fundació Caixa Catalunya (2006); la presencia de las vanguardias en las exposiciones que en 2006 organizaron el Museo Thyssen y la Fundación Caja de Madrid (Vanguardias rusas), y el Guggenheim de Bilbao (Rusia!); sin olvidar las diversas muestras presentadas en el IVAM, entre ellas la dedicada a los fondos vanguardistas del Museo de Arte Moderno de Moscú (2011).

En la presente temporada, este centro valenciano presenta hasta el 28 de agosto una doble exposición: Ródchenko. Caso de estudio, centrada en Aleksander Ródchenko, y Un futuro en construcción. El libro soviético en el IVAM, a partir del espléndido fondo bibliográfico que conserva.

Dentro de los artistas de vanguardia rusos, cabría calificar a Ródchenko como el artista total. Ninguna expresión plástica le fue ajena: dibujante, fotógrafo, pintor, escenógrafo. Cuando consideró agotado el campo de las bellas artes, y consecuencia de sus experimentos en el ámbito del diseño, pasó a utilizar la fotografía como objeto de expresión y sujeto de la propaganda revolucionaria al servicio del régimen de los soviets. Unos formatos innovadores que a riesgo de cierto mimetismo, sobrevivieron al realismo socialista que Stalin impuso, cuando llegó al poder, en favor del nacionalismo proletario ruso y en detrimento de la revolución internacional.

Las formas vanguardistas de los artistas rusos que se pusieron al lado de la Revolución de 1917 impregnaron todos los órdenes de la vida cotidiana, muy especialmente la producción editorial. Y el IVAM presenta una selección -cincuenta piezas- de los fondos que conserva de aquella época para arropar la exposición dedicada a Ródchenko. Unas joyas del arte editorial debidas a las manos de El Lissitzky, los hermanos Stenberg, Malévich, S. Telingater, Olga Goncharova, Várvara Stepanova o Liubov Popova. Estos libros no eran contemplados solo por el contenido sino que las respectivas portadas y el propio contenido formaban parte de la Revolución.

A esta visión -cabría decir canónica- de las vanguardias artísticas rusas, el MNCA Reina Sofía propone, hasta octubre, una nueva perspectiva para observar esta corriente: El Dadá ruso 1914-1924. A esta propuesta no es ajena la circunstancia de que diversos vanguardistas rusos viajaron por Europa durante la primera guerra mundial antes de regresar a Rusia e incorporarse a la Revolución socialista. La exposición que se presenta en Madrid modifica el enfoque que situaba el futurismo en el germen de las vanguardias rusas para situarlo en la revolución que supuso el dadaísmo, nacido en los años de la contienda y como contestación a la misma (y al conservadurismo que toda “guerra nacional” impone).

En El Dadá ruso encontraremos obras conservadas en museos europeos de artistas tanto rusos (Malévich, Mayakovsky, Ródchenko, Rózanova, Stepánova, Tatlin, Goncharova, El Lisitzki) como occidentales (F. Picabia, K. Schwitters, Man Ray, Tristan Tzara) influyentes o influidos en la matriz dadaísta. Participaron de principios semejantes: negación del arte clásico; uso de la ironía, el azar y el absurdo; antibelicismo; y fusión entre lo verbal y lo visual.

Este enfoque rectifica la fácil asociación hecha hasta el presente entre vanguardistas rusos –por revolucionarios- y el futurismo surgido en Italia: si algo los diferenciaba desde la base era el antibelicismo de los primeros frente a la consideración “la guerra es la higiene del mundo” formulada por Marinetti. Los vanguardistas rusos no se limitaron a la experimentación especulativa sino que tuvieron oportunidad de popularizar sus innovaciones (caso de Kandinsky) tras el triunfo de la Revolución y los años de guía leninista que le siguieron.