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tribuna libre

Biografías disparatadas

CARLOS FERNÁNDEZ   | 04.02.2018 
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No vamos a descubrir a estas alturas que los músicos en general y los rockeros en particular son seres 'especiales', aunque de un tiempo a esta parte el auge de las memorias en el rock nos esté reconfirmando lo que ya fácilmente se sospechaba desde delante del escenario.

Juergas sin fin, absurdos encontronazos con la ley, coqueteos con la muerte, peleas por chicas, batallas de egos, traiciones y canciones inolvidables que inexplicablemente surgen por inspiración divina entre toneladas de drogas y litros de alcohol.

Esto es básicamente lo que uno espera encontrar cuando se adentra en la vida de un mito del rock. Y eso es precisamente lo que encuentra una vez que el protagonista de turno asombrosamente es capaz de relatar su vida con quirúrgica precisión a pesar de las inevitables lagunas mentales.

¿Porque cuánto hay de real y cuánto de exagerado recuerdo difuso en las siguientes biografías y autobiografías? Nunca lo sabremos así que lo mejor es degustarlas con desmedido apetito y los ojos vendados. Y que sea lo que sea, porque menudo disparate.
OZZY OSBOURNE. Casi letal resulta la demencia de la autobiografía de Ozzy Osbourne, Confieso que he bebido, repleta de historias increíbles y delirantes: "He sobrevivido al choque de un avión con mi furgoneta, a sobredosis suicidas y a un largo menú de enfermedades venéreas, pero estuve a punto de perder la vida pilotando una cuatrimotor que pasó sobre un bache a la trepidante velocidad de tres kilómetros por hora. He cometido unas cuantas fechorías y siempre me atrajo el lado oscuro, pero no soy un demonio. En realidad soy un chico de familia obrera que dejó su trabajo en la fábrica para irse de juerga"...
MÖTLEY CRÜE. 'Los trapos sucios' de Mötley Crüe es una loca sucesión de despropósitos, pero sirva este como declaración de intención de la banda angelina: "No teníamos dinero para comprar insecticida, así que para exterminar a las cucarachas que correteaban por las paredes cogíamos los botes de laca, acercábamos un mechero al difusor y achicharrábamos a las condenadas. Por supuesto, sí que podíamos permitirnos comprar (o permitirnos robar) productos de primera necesidad, como la laca, ya que si uno quería ir de ronda por los clubes de Hollywood era obligatorio llevar el pelo bien arreglado".


KEITH RICHARDS. Lo más sorprendente de las memorias del guitarrista de los Rolling Stones no es el contenido, sino la capacidad que tiene para recordar aparentemente todo a pesar de haber soportado medio siglo intensidad extrema con mucho vicio, problemas con la ley, problemas con sus compañeros, problemas con las mujeres (que en ocasiones eran de sus compañeros), varias vueltas al mundo, miles de conciertos y, claro, canciones inmortales. Al final le terminas cogiendo hasta cariño a este pendenciero bucanero según vas avanzando páginas en su Vida.

SLASH
. De nuevo adicciones, vicios, excesos y una vida milagrosa -estuvo a punto de morir de sobredosis- en las memorias del otra vez guitarrista de Guns n' Roses: "Un doctor ubicó un desfibrilador cardioversor implantable en mi corazon cuando tenía 35 años. Es un aparato de unos 8 centímetros. Lo insertaron por la axila. Monitorea constantemente el ritmo cardíaco y produce electroshocks cuando el corazón late peligrosamente rapido o demasiado lento. Quince años de alcohol y drogas han inflado mi corazón al punto de explotar. Cuando finalmente me internaron, me dijeron que tenía seis semanas de vida. Han pasado seis años desde entonces y esta pequeña maquina ha salvado mi vida mas de una vez".

BON SCOTT.
"Era capaz de cualquier cosa. Recuerdo una apuesta que hizo una vez. Estábamos en Melbourne, en pleno invierno, y él dijo que se tiraba a la piscina. Alguien se apostó cinco dólares con él. Una apuesta idiota. Él la subió a diez. Luego subimos al tercer piso, nos asomamos al balcón y el saltó sin más. Nada más salir del agua preguntó: ¿dónde están mis diez pavos? Hacía un montón de cosas completamente desquiciadas". Así recuerda un colega en Camino del infierno (Clinton Walker) al que fuera cantante de AC/DC hasta su fallecimiento en febrero de 1980 en una noche de juerga efectivamente desquiciada.

STEVEN TYLER. "Cuando vi la película Casi famosos me dije '¡mierda! ¿Estos se parecen o no a Aerosmith?' Nosotros íbamos en ese autobús, ese avión, los lanzábamos desnudos desde tejados hacia la estratosfera y más allá junto a nuestro colega el demoníaco Ted Nugent.

Los pasillos estaban abarrotados de chicas malas, personajes sórdidos y un camarero llamado Julio que transportaba groupies en el carrito del servicio de habitaciones", rememora Steven Tyler en su autobiografía '¿Acaso molesta el ruido que suena en mi sesera?'