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tribuna libre

El enemigo vive arriba

BEGOÑA PEÑAMARÍA  | 24.09.2017 
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Algunos incautos creen tener su vida bajo control asegurando su casa, su salud, su coche y hasta a sí mismos de todo hipotético mal. Otros se pasan la vida evitando asumir riesgo alguno y hasta los hay que se sienten todopoderosos atesorando bienes o dinero con los que defenderse-llegado el caso-, de un posible ataque de cualquier índole.

Pocas personas disponen de la capacidad necesaria para asumir con resignación y sin desánimo, que realmente no existe seguro, ni precaución, ni dinero, que nos libren de nuestro peor enemigo... Un adversario sembrado de misteriosos recovecos, que vive suspendido en líquido y que está protegido por una dura coraza; llamado cerebro.

Más allá de tener mejor o peor asumido que toda protección es efímera porque la muerte nos despojará de todo tarde o temprano, esa viscosa y amorfa masa de carne que vive en la planta superior de cada individuo, tiene el poder de dirigir la apreciación de los acontecimientos-y quizás también a estos mismos-; hacia donde le plazca... Y de hacerlo sin ningún tipo de pudor, control, ni contemplación... Por eso puede convertirse en nuestro mejor aliado o en la peor de las pesadillas-ya sea por el fallo de la mente propia en sus percepciones o por el defecto de la de aquellos de quienes dependemos de un modo u otro-.

El cerebro, ese gran olvidado y a veces subestimado vecino de todos y amigo incondicional de casi ninguno, se encarga de un sinfín de importantísimas funciones fisiológicas y, desde mi punto de vista, de otras tantas filosóficas. Tiene-por ejemplo- el poder de crear belleza u horror, de hacernos amar u odiar y de dirigir nuestros pasos por los caminos de la esperanza o del pesimismo. Es, además, el director de las alegrías, de las penas, del dolor, del placer, del abatimiento, de la ilusión, del miedo o del valor.... Lo que lo puede convertir, en determinados momentos, en un gran amigo... Y en otros, en un peligrosísimo enemigo... Porque tiene la potestad de adquirir la información del mundo circundante, almacenarla y procesarla de múltiples formas, para darle rienda suelta en el momento en que le venga en gana.

Para protegernos de este posible feroz adversario, debemos tratar de aliarnos con él. Es necesario que luchemos por no ceder a sus oscuros impulsos y que peleemos por mantenerlo bajo control... La práctica de actividades al aire libre, los deportes, las aficiones de cualquier índole, una positiva relación con familiares y amigos, la visita sin pudor a un buen psiquiatra en etapas de crisis, el aprender a exteriorizar sentimientos, o el tratar de tener siempre en la recámara planes, proyectos o ilusiones; nos pueden ayudar mucho a no perder el norte...

De igual modo, tratar de rodearnos de esa extraña variedad humana emocionalmente elevada, que se comprende a sí misma y al entorno en el que vive, sin experimentar cambios notables en sus pensamientos ni actuaciones, por muy hostiles que se vuelvan las circunstancias por las que les toque atravesar; puede ayudarnos notablemente a mantener nuestra salud mental a raya.

Les animo a que no cesen en su empeño por luchar para que su cerebro siempre esté distraído en la azotea... Es vital para su bienestar y el de los que de alguna manera dependen de ustedes, que no se haga fuerte en lo negativo y que traten de dirigirlo hacia lo positivo... Al igual que intentan mantener su físico en las mejores condiciones, no descuiden su cerebro...Porque lo que sí es verdad absoluta es que cada uno de nosotros va a tener que convivir consigo mismo hasta el fin de sus días... Y estoy segura de que es bastante más interesante llevar a cuestas a un amigo que a un enemigo.

(*) La autora es

diseñadora