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Tribuna libre

Recetas mágicas

BEGOÑA PEÑAMARÍA (*)   | 14.01.2018 
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Hace tiempo la vida decidió probarme. Le apeteció ver como salía de la mal llamada zona de confort -nunca lo es del todo-, y obligarme a cocinar para ella una receta contra reloj... Sus componentes: la obligación de tomar decisiones con una soga al cuello, aderezada con una sobrecarga de responsabilidades, emulsionada con un alma rota, y regada con vinagre de traición. Este hecho, por sí mismo, no me convierte en un ser humano diferente. A casi todas las personas la vida les pone zancadillas de todo tipo en algún u otro momento de su existencia... Es como si esta disfrutara observando desde la barrera cómo ciertos individuos de su pertenencia son obligados a jugar a la Rayuela con una pierna ortopédica...; así que careciendo de experiencia entre fogones, pero ataviada con el delantal de la inventiva; decidí mezclar los ingratos ingredientes anteriormente mencionados e ir probando el cambiante sabor resultante a medida que estos se fusionaban a fuego lento... No obstante y, para otorgarle a la mezcla un toque algo más agradable al paladar y a las entrañas, fue necesario agregar partículas de otros componentes como la autoestima, la confianza, el valor y un porqué... Porque como decía el gran Nietzsche: siempre que tengas un porqué, encontrarás un cómo...

Me apoyé en aquellos a quien quería, desterré a los que no merecían mi respeto, ignoré a los que no me aportaban nada, abrí mi corazón y mi mente a nuevas formas de pensar y traté de tomar ejemplo de otros supervivientes... Y fue entonces cuando descubrí algo maravillosamente tranquilizador: están por todas partes... Hay personas especiales en todos los recovecos y escalafones del mundo en que habitamos.

Desgraciadamente,la sociedad actual arrastra a la mayoría de los mortales a la deshumanización y al cobarde grito de "sálvese quien pueda" o a la afirmación de "yo, mí, me y conmigo"... Pero existen personas que todavía son gente y, lo que es mejor, que no tienen ninguna intención de dejar de serlo pase lo que pase... Porque ya saben que al otro lado no hay nada. Que todo es circular, que lo que va vuelve y que de lo que siembras recoges... Que lo único que queda al final es el individuo acompañado por sus valores, vivencias y -en el mejor de los casos-, por un puñado de seres queridos que habrán tenido que ganarse un hueco a pulso en su corazón y a la inversa... Porque como dice mi sabia madre: los sentimientos siempre suelen ser recíprocos y al final la vida nos iguala a todos... Para saber diferenciar a los mortales que merecen la enorme distinción de llamarse persona de los que no y, por tanto, aquellos candidatos que pueden optar a un hueco en nuestra vida y aquellos de los que debemos huir como de la peste; solamente hay que pensar que los seres humanos de una pieza están en lo bueno y en lo malo... Los que aprovechan las grietas para colarse y lograr un ficticio hueco en la existencia de su objetivo, así como aquellos que solamente están cuando las cosas marchan sobre ruedas, no son más que gentecilla... Y líbrenos Dios o quien sea de esta clase de vacíos elementos, que solamente nos confundirán y harán perder un tiempo tan escaso como valioso. En mi vida solo quiero gente maravillosa, personas con las que reírme y llorar, con las que aprender y pensar, seres en los que confiar y con los que compartir, individuos que valoren lo pequeño y que no anhelen lo grande en exceso, humanos valientes y capaces curtidos en mil batallas, en absoluto mediocres y -sobre todo- amigos y familiares como los que me ayudaron y ayudan a cocinar día a día la receta mágica de mi felicidad..., del mismo modo que yo trato de participar con mi humilde colaboración en las suyas propias... Solamente por eso, las existencias de los unos y de los otros habrán merecido la pena... Solamente por eso, nosotros sí tendremos el honor de poder considerarnos gente.

(*) La autora es diseñadora y escritora