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Sanxenxo/ Sangenjo, o de la santa paciencia

Playa de Silgar, en Sanxenxo - FOTO: NURIA CURRÁS
Playa de Silgar, en Sanxenxo - FOTO: NURIA CURRÁS

PEDRO ÁLVAREZ DE MIRANDA / DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS   | 08.07.2018 
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Hace mucho tiempo (más de veinte años) escribí un artículo titulado Algo más sobre Lleida y Lérida. Hace menos, pero también bastante (más de un lustro), escribí otro, publicado aquí mismo, titulado Nombres oficiales, nombres vernáculos, nombres únicos, nombres españoles. Todo inútil.

El lector ya se habrá dado cuenta de por dónde iba la cosa en ambos artículos. Solo trataban de preservar, con altas dosis de sentido común y paciente pedagogismo, la integridad de la lengua castellana o española en lo que se refiere a los nombres geográficos. Bastaría con decir una vez más -y luego ya callarse para siempre- que el nombre español de la capital de Inglaterra es Londres y no London. Tan sencillo ejemplo, que encierra una argumentación, debería bastar para tapar la boca a cualquiera.

Mas, como digo, todo parece ser inútil. No sé si habrá sido la perspectiva de que el expresidente Rajoy pueda ahora disfrutar de una vida mucho más relajada en la casa que tiene en la localidad pontevedresa de Sangenjo lo que habrá puesto de actualidad este nombre. El caso es que el Departamento de Consultas (o de «Español al Día») de la Real Academia Española ha tenido que extremar toda la paciencia y didactismo de que hacen gala quienes trabajan en él para contestar a buen número de comunicantes que con todo ardor recusaban «Sangenjo» y defendían como forma única de referirse a dicha localidad la forma «Sanxenxo», es decir, el nombre en gallego de la localidad costera.

En vista del desaliento que expresan las primeras líneas de este artículo mío, no voy a entrar de nuevo a fondo en la cuestión. Pero ante las cosas atroces que se dicen en alguno de los tuits dirigidos al mencionado departamento es difícil permanecer callado. Según uno de ellos la denominación Sangenjo «no existe», y si existe es porque la impuso nada menos que Francisco Franco. Juzgue el lector por sí mismo:

El topónimo «Sangenjo» no existe. La traducción al español sería San Ginés. Parece mentira este patinazo en vuestra página. Que Franco no supiese traducir es una cosa, pero que 40 años después sigamos en las mismas...

Una persona del departamento académico contestó con santa paciencia: «La documentación de la forma castellana "Sangenjo" en textos escritos en español es muy anterior a la época franquista». Otro comunicante concedió, en vernáculo: «Si, porque o supremacismo españolista que impuxo o castelán e que deturpou os topónimos e os nomes galegos é moi anterior á época franquista». Bueno, algo es algo. Pero todo inútil. Otros intervinientes volvían a la carga, y la Academia hacía esfuerzos denodados por explicarse (nótese el estupendo ejemplo que esgrimieron):

 


Cada lengua tiene su propio léxico toponímico, que incluye «exónimos», esto es, nombres que designan lugares situados en territorios donde se habla otra lengua. P. ej., «A Rioxa» es el exónimo gallego de la comunidad autónoma que en castellano se llama «La Rioja».

Pues ni por esas. Lamento tener que reproducir aquí lo que otro individuo dijo, mas acaso sea aconsejable hacerlo para que se calibre la infinita capacidad de aguante de la zafiedad que se ven obligados a atesorar los responsables del departamento al que me vengo refiriendo. Fue esto: «A ver si va a ser que la RAE inventa lo que le sale de la polla». (Perdón mil veces. Insisto en que me parece conveniente que, quienes no lo conozcan, sepan algo del tono que gastan algunos tuiteros).

Otro escribió: En un tuit anterior afirmáis que se debe llamar así porque es la forma tradicional, como si existiera desde el siglo xviii, pero no es más que una mera imposición franquista.

El susodicho departamento obsequió a este ciudadano con dos textos de doña Emilia Pardo Bazán, ambos de 1913, en los que se emplea «Sangenjo». Pero, claro, es sabido que la autora de Los pazos de Ulloa era una franquista emboscada, amén de una antigalleguista furiosa.

 


¿A qué seguir? Estas líneas solo pretenden rendir un tributo de admiración -ya se habrá notado- a la santa paciencia -segunda vez que empleo la expresión- de quienes diariamente atienden centenares de consultas en el departamento de «Español al día» de la Real Academia Española. Solo voy a permitirme aducir aquí, para terminar, un texto de otro franquista redomado más, este, vaya por Dios, de pleno siglo xviii. En el libro de don Ignacio Joseph de Ortega y Cotes Qüestiones del derecho público en interpretación de los tratados de paces, impreso en Madrid, en la oficina de Antonio Marín, en 1747 puede leerse una lista de «Nombres de los Puertos y Surgideros del Departamento del Ferrol». La relación está encabeza por «Coruña» (así, sin artículo). Y siguen:

La Guardia, Bayona de Galicia, Vigo, Bouzas, Teis, Rande, Redondela, Cangas, Ría de Adams [¿?], Ría de Pontevedra, Marín, San Genjo, Portonovo...

Como se ve, «Sangenjo» está escrito ahí «San Genjo», en dos palabras, pero este hecho es completamente irrelevante, o secundario, y no debe sacársele ninguna punta. Otros muchos ejemplos de «Sangenjo» del xix podrían citarse (entre ellos, por cierto, tres pertenecientes a los «Apuntes autobiográficos» que en la edición príncipe de 1886 acompañan a Los pazos de Ulloa). Aquí solo pretendía dejar sentada la presencia de esa ge y esa jota doscientos años antes de que un dictador gallego dedicara sus días a ocupaciones de muy ingrata memoria para millones de españoles. Pero que no incluían, vaya por Dios, la «traducción» ni la «imposición» de nombres sustitutivos de los vernáculos.

Publicado originalmente en la revista Rinconete, Centro Virtual Cervantes, © Instituto Cervantes, 29-VI-2018