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El último apaga la luz

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ  | 28.01.2018 
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Lo dije el jueves, y lo digo hoy domingo: se nos murió don Nica, Nicanor Parra, con 103. Como un brandy, etiqueta negra. Se nos murió don Nica, y allá lo llevaron a Las Cruces, para descansar, que fue larga la vida, aunque siempre es escasa. Ahora llegó, don Nica, el día de mañana: sabías bien que ese era el día de la muerte. No teníamos más que pasado, presente y futuro, como decías en tu ‘Último brindis’: pero el pasado ya no existe, y el presente, en sólo nombrarlo, se convierte en pasado. Así que sólo hay futuro, y lo hay precisamente porque nunca llega. Y si llega, es la muerte.
En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.
Tuvimos la felicidad de tener mucho tiempo a Nicanor Parra entre nosotros, 103 años, como un brandy. Agotamos con él el cáliz de la felicidad hasta las heces, brindamos por la vida larga, y por la broma infinita. Brindamos por la chanza, por hacernos reír y pensar, quizás también llorar, por hacer añicos las verdades prometidas, que son mentiras fascinantes. Se nos ha muerto el mayor poeta de América, lo digo con permiso, y con la venia: don Pablo, don Vicente, todos los genios me perdonen. Él, matemático y físico, profesor aquí y allá, aplicó la incertidumbre y el escepticismo, se dejó de solemnidades, aborreció la poesía altisonante, e hizo girar su universo hacia lo irreverente y lo humorístico, tan necesarios para mantenerse en forma. No defraudó: 103 años, como un brandy. Aquí sonaba más su hermana Violeta, pero él fue Cervantes en 2011, aunque ya por entonces no pudo venir a recogerlo. Mandó a su nieto Cristóbal con un texto que algunos llamaron ‘no discurso’. Le vino muy a la mano aquel poema, para dar el necesario golpe de ironía a las solemnidades del momento:
Esperaba este premio?
No
Los premios son
Como las Dulcineas del Toboso
Mientras + pensamos en ellas
+ lejanas
+ sordas
+ enigmáticas
Los premios son para los espíritus libres
Y para los amigos del jurado
Se nos murió don Nica, lo llevaron a descansar a la casa de Las Cruces. Vivió mucho, pero siempre es poco. Para él y para nosotros. Lo queríamos de provocador, de antitodo y de antídoto, de aguafiestas, de rompehuevos, era sin duda nuestro jodón favorito. Ahí quedan sus versos, palabras tomadas de los árboles, de las aceras, de las alcantarillas, frases resucitadas por milagro, tras haber sido atropelladas en alguna autopista o lanzadas al vacío, en poemas fieramente humanos. El último apaga la luz, decía Parra (así se titula su obra selecta, publicada aquí por Lumen): pero esta vez, maestro, vamos a dejarla encendida.