El Correo Gallego

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PILAR CERNUDA

El enemigo público número 1

11.07.2018 
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PARA los independentistas el juez Llarena se ha convertido en el enemigo público número 1. No se siente afectado por las conveniencias políticas y se limita a cumplir la ley, así que tras culminar la instrucción de la causa que tenía abierta contra los independentistas procesados, ha completado el sumario y determinado que los parlamentarios, Puigdemont incluido, quedan suspendidos como diputados autonómicos. Del Parlamento catalán dependerá que se les permita tener un sustituto temporal hasta que llegue el día del juicio. Que no está muy lejano, se prevé que se celebre antes de fin de año; incluso se baraja que se fije para octubre la fecha de su inicio.

Puigdemont llevaba tiempo sonriendo en las fotos para demostrar su satisfacción porque los jueces alemanes no acaban de ver el delito de rebelión que sí ven los fiscales alemanes, los españoles y el juez Llarena, pero ha llegado el momento de que se le hiele esa sonrisa con la que intenta hacer ver que está ganando la batalla. No parece que esté en condiciones de cantar victoria.

De momento no acaba de ocupar la casa de Waterloo en la que pensaba montar la Generalitat bis, se ven fisuras importantes en el independentismo y poco a poco se admite la idea de que el president es Quim Torra y no Puigdemont aunque todavía no se ha atrevido a ocupar su despacho. Y si Pedro Sánchez, como piensan los independentistas, abre más la mano que Rajoy y les da alguna satisfacción, la figura del huido irá disminuyendo a medida que la de Torra se afianza.

No se puede mantener muchos años un liderazgo desde la distancia, y menos aun cuando entre los presos -cuentan quienes los han visto- empieza a calar la idea de que su situación está directamente relacionada con la fuga de Puigdemont; solo ahora se dan cuenta de que tenían razón los que explicaban que si el expresidente no hubiera huido, ellos estarían hoy en libertad con fianza, y no en prisión preventiva para evitar el riesgo de fuga.

La decisión de Llarena no es una broma. Pierden aforamiento y salario, a no ser que los independentistas que controlan el Parlamento catalán se inventen una fórmula ad hoc, que con seguridad recurrirían los constitucionalistas.

El tiempo corre en contra de los presos: su comparecencia ante un tribunal está a la vuelta de la esquina y lo más leve que les podría caer es inhabilitación para cargo público, los fugados regresarán algún día y les esperan los jueces y fiscales, a los alborotadores independentistas se les nota el cansancio y el hartazgo, la CUP no se fía de Torra, Puigdemont acabará no fiándose tampoco de su sucesor y además las navajas entre Junts, PDeCAT y ERS están a la orden del día. Y encima el juez Llarena no se mueve ni un milímetro de su lucha implacable contra los que se sitúan fuera de la Constitución.

Periodista